lunes, 10 de septiembre de 2012

¿Los alumnos tienen intereses propios?

Contesto: sí.

¿Y qué voy a hacer al respecto?

En unos días tengo el primer contacto con los padres de mis nuevos alumnos.

Estaba algo perdida porque, este año, no tenía muy claro cómo afrontar ese primer encuentro. No me gustan esas reuniones en que el maestro habla y los padres escuchan porque no es esa la relación que busco con “mis” padres. Entiendo que cada uno de ellos y yo hemos de liderar la educación de cada uno de esos niños: yo sé algo sobre su educación, llamémosla formal, y cada padre sabe algo sobre la educación “familiar”. Busco ir a una con cada uno de ellos (y por eso me duele cuando no encuentro colaboración o complicidad, o cuando lo que encuentro es desconfianza).

El caso es que un tweet de @kurioso me encendió ayer la bombilla. Aquí mismo podéis consultar el comentario de un joven sobre su paso por el sistema educativo, doloroso, que es el que lanzó vía twitter.


Primero preguntaré a cada niño dos cosas:
  1. Qué es lo que más te gusta hacer.
  2. Qué es lo que crees que haces mejor que nadie.
Con esto podré asomarme a los intereses reales de mis alumnos (aunque anticipo que, con 6 años, habrá mucho fútbol) y, así, orientar tareas hacia esos intereses.

Es cierto que en los primeros años de Primaria el currículum tiene su peso (al menos en lo elemental), pero siempre se puede orientar –o eso creo- hacia lo que de verdad mueve la curiosidad y el interés de los alumnos.

El día de la reunión con los padres, cada uno recibirá un papel doblado con las respuestas de sus hijos tapadas, y cada uno deberá contestar:
  1. Qué es lo que más le gusta hacer a tu hijo.
  2. Qué crees que es lo que mejor sabe hacer tu hijo.
Con esto pretendo conseguir que los padres se enfrenten a esta cuestión (de vez en cuando hay que hacerlo) y entender sus expectativas respecto de sus hijos.  Luego verán las respuestas de sus peques. ¡Ya hay tema para hablar en casa!, para hacer sentir importantes las opiniones de los niños, para hacerles sentir que se les escucha.

Yo, por mi parte, iré adaptando mis actividades a sus motivaciones.

A final de curso os cuento…

domingo, 2 de septiembre de 2012

Captatio Benevolentiae

Creo que había compartido esta reflexión alguna vez pero... nunca está de más. Es de Kathy A. Megyeri, de su libro "Chocolate Caliente para el Alma de los Maestros".

Se han acabado las vacaciones y ya estamos preparando material, buscando listas de alumnos, recopilando materiales encontrados durante las vacaciones, pensando como aplicar metodologías diferentes, como adaptar otras... (en mi caso, buscando hasta el lápiz).

Pero, antes de arrancar y antes de que vuestros hijos empiecen el curso en unos días, solo quería captar vuestra benevolencia para con profes y maestros. Tened esto en cuenta. 

Feliz curso 2012-13!


"Si un doctor, un abogado o un dentista tuviera a treinta personas o más en su oficina a la vez, todas con diferentes necesidades y algunas que no quieren estar allí y el doctor, abodado o dentista, sin ayuda, tuviera que tratarlos a todos con excelencia profesional durante diez meses, entonces podrían tener una idea de lo que es el trabajo del docente en el aula".

ilustración de este blog 

jueves, 9 de agosto de 2012

Cerrado por vacaciones


Si me habéis ido leyendo, ya sabréis que este curso ha sido particularmente complicado en lo académico (por no hablar de los asuntos administrativos).

Más que nunca, necesito vacaciones y vaciar mi cabeza. Estoy en ello.

Disfrutad de vuestras vacaciones, quienes tengáis la fortuna de tenerlas.

Nos vemos en septiembre!

miércoles, 4 de julio de 2012

Niños felices (...en su ignorancia?)

Hay una tendencia (que ya dura unos años) que consiste en hacernos creer que hay dos escuelas contrapuestas: la escuela donde se hace trabajar a los niños y la escuela donde los niños van a ser felices. Es un debate habitual en mi entorno, donde maestros defienden que su actividad ha de ir encaminada a que sus alumnos sean felices más allá de lo que aprendan pero envían a sus propios hijos a colegios donde les hacen trabajar (y no parece que sean desgraciados).

Esta dicotomía que se plantea y que cada vez más profesores y padres se creen es endiablada porque pretende defender que allí donde hay trabajo y esfuerzo no puede haber felicidad.

Los que me vais leyendo tal vez ya os habéis dado cuenta de mi eclecticismo pedagógico: no soy radical partidaria de ninguna escuela ni de ninguna metodología. Creo que todas aportan algo al proceso de enseñanza-aprendizaje y que cada modelo ayuda a la adquisición de unas habilidades concretas y diferentes. Y que unas metodologías funcionan muy bien para trabajar el Conocimiento del Medio pero no tanto para la Lengua o las Matemáticas.

Así, y pasando por encima del S.XX, el conductismo está muy denostado y se cree que bastante abandonado, pero aunque solo sea por el refuerzo positivo (muy útil para lograr la repetición de las conductas que nos interesan, y que funciona bastante bien hasta los 8 años) ya vale la  pena. Tampoco hay que olvidar que bajo esta escuela se plantearon las “maquinas de enseñar” (Skinner) o sistemas de auto aprendizaje (que, modelado con el paso de los años y con la aparición de nuevas tecnologías y nuevas teorías pedagógicas, seguimos utilizando). Me refiero a esos sistemas de enseñanza-aprendizaje donde se presentan contenidos o destrezas híper descompuestos en tareas o partes tan sencillas que el éxito, actividad tras actividad, está asegurado.

El cognitivismo, donde los procesos mentales dejan de ser una caja negra, para centrarse en los procesos mentales que ponemos en marcha ante cada nueva situación, concepto... Los procesos mentales y su importancia en el aprendizaje. La maravillosa "zona de desarrollo próximo" de Vigotsky. Y digo maravillosa porque entiendo que es la que nos ha enseñado a ir poniendo nuevos retos, yendo un poco más allá de la situación actual del niño, para fomentar el aprendizaje.

El constructivismo y el aprendizaje significativo, con su explicación sobre la otorgación de significado que hace el niño respecto a los conceptos que le rodean o que se le presentan, y la importancia –pues- de los conocimientos previos de los alumnos, que son los que van a ayudar a la asimilación de todo lo nuevo. O como decía un profesor que tuve “nada hay nuevo bajo el sol”:  todo lo nuevo que nos llega tratamos de encajarlo de alguna manera en lo que ya conocemos (los adultos, también).

La muy anterior pedagogía progresista: la escuela activa, el método Montessori… donde los niños hacen y se les ofrece aquello que necesitan en el momento adecuado, dando unos resultados mucho mejores que forzando los aprendizajes en los momentos inadecuados.

Y la llamada pedagogía tradicional, con su acento en los contenidos y en la clase magistral.

Todo esto junto, funciona. Sin entrar en más detalles ni en diferentes técnicas o metodologías.

El niño pasa entre 5 y 6 horas diarias en el colegio. Y alguien pretende hacernos creer que puede pasarlas felizmente haciendo solo lo que le apetece en cada momento, o haciendo poco, o sin enfrentarse a retos nuevos que le lleven un paso más allá (cosa, por otra parte, natural en los niños).

Pensad en vosotros mismos en vuestro trabajo: ¿podéis imaginaros estando 8h jugando al solitario, consultando twitter o haciendo compra on-line, porque ese día no os apetece mucho trabajar? Los días así se hacen eteeeernos.  En cambio, aquellos días llenos de actividad, de cosas diferentes que hacer, de tareas por terminar en un plazo concreto, hacen que la jornada se nos pase casi sin darnos cuenta.

Así que, ¿niño feliz pero ignorante?, ¿niño feliz pero ocioso?  Yo no me creo que eso sea la felicidad.  Y esta semana estoy algo cansada de oir que los maestros que exigen a sus alumnos los hacen infelices.

domingo, 24 de junio de 2012

Los deberes

Esta semana he leído el blog de José M.Sánchez, Actualidad Pedagógica, un post del mes de abril (http://actualidadpedagogica.wordpress.com/2012/04/23/6/) y me he encontrado con un nuevo alegato contra los deberes escolares, con argumentos similares a los de otras personas que defienden la no realización de deberes.

Por esas fechas, como se explica en el post, algunos padres franceses consiguieron poner nuevamente sobre la mesa el debate con una “huelga de deberes”. ¿Os fijáis? La huelga la hicieron los padres, no los alumnos.

Mi intención era contestarle en su blog pero me estaba quedando una respuesta tan larga que he preferido extenderme aquí y remitiros a su entrada (en el link más arriba).

Voy punto por punto:

1-“El compromiso o la voluntad propia se desarrollarían mejor a través de otro tipo de tareas que partieran del interés del alumno y que se realizaran de manera voluntaria”.
Creo que es fácil comprometerse con algo que nos gusta, que nos apasiona. Podríamos dedicarle horas sin darnos cuenta de que es hora de comer o de que hace ya horas que deberíamos estar durmiendo. Retrasar la recompensa sí es un rasgo que parece ser que va asociado al éxito en la vida (¿recordáis el anuncio de donuts en que piden a unos niños que esperen para comerlos, y alguno se lanza antes de tiempo? Pues está basado en esa investigación real sobre la correlación entre retraso de la recompensa en niños pequeños y éxito posterior en la vida).

2-"El impacto sobre el resultado académico de los deberes es pequeño en secundaria y mínimo o inexistente en primaria".
Os remito al libro de divulgación neurocientífica Las Claves del Talento, de Dan Coyle (ed. Planeta, 2009). A mí me ha hecho replantearme algunas cosas sobre la forma de aprender determinadas destrezas, y que se podría resumir en “algunas habilidades demandan horas y horas de práctica para poder llegar a dominarlas”.

 Y no, no alego por horas y horas de deberes pero sí por un incremento de la práctica, por pequeño que sea.

3-"La mayoría de los alumnos evitan hacer los deberes que se mandan desde la escuela. Los alumnos del estudio perciben una utilidad baja de las tareas que se les asignan".
Por ello, la solución pasa por elegir bien las tareas que se encargan a los alumnos, no por eliminarlas de cuajo.

4-"Los deberes alejan a los alumnos de sus familias".
¡Y aquí es donde viene la madre del cordero!  El error está en creer que los niños deben hacer sus deberes con el padre o madre sentadito junto a él.

Hay niños que han “descubierto” que enredar con los deberes durante horas les asigna un tiempo precioso con sus padres (ah! esos padres perennemente ausentes que los niños añoran…). Así que algunos niños pueden llegar a hacer de todo con tal de que ese tiempo se alargue y se alargue, aunque sea para gritarse y pelearse. Al menos, tienen a su padre o a su madre pendiente de él.

Esta es una de mis “peleas” habituales con los padres de mis alumnos: les explico una y mil veces que los deberes son de sus hijos, no de ellos. Les doy estrategias para que consigan “alejarse” de ese momento de crisis que puede durar horas y, por supuesto, les pido que no revisen los deberes de sus hijos porque ese es MI TRABAJO, no el suyo.

Así que, lo siento, pero el problema no es de los maestros ni de los deberes: es de los padres.

5-"Cuanto más tiempo se dedique a los deberes, se dispone de menos tiempo de calidad en clase".
En los primeros cursos de primaria, dedicar más de 15 minutos a los deberes me parece una barbaridad. En Ciclo Medio podríamos hablar de 35-40 minutos y en Ciclo Superior, entre media y una hora. Y en todos los casos, no hablo de un tiempo diario: con 3 o 4 veces por semana debería ser suficiente. Con ello el niño se acostumbra a dedicar un pequeño tiempo a planificar su jornada siguiente, a prepararse (él mismo) su propio material y a pensar en lo que se ha hecho durante el día.


Que levante la mano quien no hace eso cada día.

6-"Son discriminatorios. Porque las madres ya no están en casa para atender a las tareas escolares de sus hijos".
Nada, me remito al punto 4. Los deberes son de los niños, y han de ser tareas que sean capaces de hacer solos.

7-"Haciendo deberes los estudiantes ganan muy poco, si a cambio pierden tiempo para dormir, jugar, socializarse con sus amigos o dejar de desarrollar sus intereses propios, incluso si estos son académicos, creativos o sociales".

Me remito a mi explicación sobre la duración de la tarea (punto 5).

8-"La mayoría de los aprendizajes no dependen de la cantidad de tiempo dedicado".
Me remito al libro recomendado en el punto 2: Las Claves del Talento.

Podría asegurar que haciendo una suma cada día en 1º de Primaria, un niño no dominará ni la realización del algoritmo ni la rapidez en su ejecución ni su trasferencia al cálculo mental.

9-"Los tradicionales deberes no despiertan el interés de los niños".
A mí tampoco se me despierta un gran interés por corregir hojas y hojas de sumas, o de textos ilegibles (por caligrafía o por estructura) pero lo hago.

En cualquier caso, este punto no tiene mal remedio: elegir mejor las tareas y la duración de las mismas. Ah! ¿Qué ya lo había dicho? Pues eso.

10-"Hay otro tipo de actividades que el alumno puede hacer en casa por las tardes o durante el tiempo libre".
Más de lo mismo. Estamos obligados a elegirlas bien. Punto. No a eliminarlas.

Como podéis ver, el alegato se resume en 3 puntos:
  • El tipo de actividades
  • La duración de las mismas
  • La falsa creencia de que son los padres quienes deben dedicarse a los deberes de sus hijos.

Otro día os contaré de qué manera bárbara (tan bárbara como poner deberes, o incluso más) mejoramos la presentación de trabajos y la caligrafía en niños de Primaria (y los consiguientes beneficios para esos alumnos cuando han llegado a la ESO).

lunes, 18 de junio de 2012

9ª carencia- Reducción de recursos: gomets contra tijeras

Tal vez ahora, esta que numero como novena carencia debería situarse en primer lugar. No solo eso, tal vez debería descomponerla en todas las consecuencias que lleva asociadas.

En cualquier caso, se me llevan los demonios. No porque mi sueldo se haya reducido, que sí. No porque se reduzca el número de profesores para aumentar el de alumnos, que también. No porque defiendan que la reducción de recursos –económicos- no está afectando a la calidad de la enseñanza… sino porque los más perjudicados son los de siempre, los más débiles.

Ligados a algunas de las carencias enumeradas en anteriores posts, hay niños para cuyas familias la principal prioridad en su vida es comer cada día (al parecer, un 25% de la población de Cataluña) así que sus dificultades escolares quedan en un segundo plano (o tercero, o cuarto…).  Seguramente, esto supondrá que un 25% de esta generación de niños sea una generación un 25% perdida de aquí a 15 años.

Hay niños que han nacido aquí (algunos llegan ahora, pero cada vez son menos) pero que en su casa no hablan catalán y, a lo peor, ni castellano. Están obligados a estar escolarizados pero en su escuela no se llega al mínimo de niños en esa misma situación, por lo que se encuentran sin aula de acogida que los acoja (valga la redundancia). Algunos, incluso, llevan ya aquí más de los 2 años establecidos pero siguen sin tener un dominio operativo del idioma. Así pues, su escolarización representa 5 ó 6 horas de mirar al techo (conozco casos). No entienden casi nada de lo que se dice, explica, cuenta, representa...  Y no hay recursos para atenderlos de forma útil. Sus familias no les pueden ayudar ni dentro ni fuera de casa (no hay dinero).

Hay niños con dislexia (algunos, incluso, sin diagnosticar). Si su familia ha de decidir entre comer o buscarles un lugar que les ayude con la reeducación, ¿cuál creéis que será la opción elegida?

Por todo esto, si:

  • Estudias o eres diplomado en magisterio y tienes tiempo este verano
  • Eres psicólogo colegiado
  • Y quieres ayudar a enganchar, aunque sea con gomets, algo de lo recortado

Busco ayuda en Sabadell para:

  • Dedicar 1h al día para jugar, hablar, contar y que te cuenten cosas niños que no dominan el catalán o no han formado parte de un aula de acogida (por estar en un centro que no llegaba al mínimo de niños exigido) y sin recursos .
  • Pasar pruebas para diagnosticar a niños con “sospecha” de dislexia y sin recursos económicos.
  • Ayudar a reeducación de niños con dislexia sin recursos económicos.
Si crees que puedes ayudar y demostrar que solo las personas podemos cambiar las cosas, contacta conmigo en teclaiguix@gmail.com

Gomets contra tisores: un gomet es poca cosa pero... pega.

domingo, 10 de junio de 2012

Tener en cuenta las ideas de 10 personas en lugar de esperar la idea genial de una sola (7º estado del espíritu kaizen).

O dicho de otra manera: hay más comida en miles de sardinas que en un solo atún.

La forma más cercana de explicar el sentido de este “estado del espíritu kaizen” sería el perfeccionismo mal entendido como virtud: esas personas que revisan y revisan, y rehacen y así mil veces sin encontrar nunca el momento de dar por terminado un trabajo y entregarlo donde sea que lo esperen. ¿Utilidad de todo ese trabajo llevado a cabo?: Ninguna.

Pues con las ideas de mejora pasa algo semejante.

Algunas empresas premian las que más ahorro de costes han producido y las llegan a premiar con, incluso, un coche para el equipo que tuvo la idea y persiguió su implementación (planta de VW en Navarra, por ejemplo). Pero claro, las ideas que supongan en ahorro el coste de un coche no aparecen cada día. De hecho, estas son las menos.

Pero en el día a día nos topamos con multitud de pequeños detalles que, de modificarlos levemente y ahora mismo, a partir de mañana nos facilitarán enormemente nuestro trabajo, sea por reducción de tiempo de dedicación, por reducción de coste o por mejora de la calidad de nuestro trabajo (plazo, coste, calidad, los 3 pilares de la orientación al cliente -interno o externo-).

En estas pequeñas cosas de nuestro día a día, podemos intervenir nosotros directamente y mejorar en cuestión de minutos. Alguna vez necesitaremos una autorización (para comprar un mueble, por ejemplo) y otras veces necesitaremos de todo un equipo que nos ayude a implementar nuestra idea (electricistas, un persianista…). Pero, la mayor parte de las veces, si miramos a lo que hacemos cada día, seguro que nos surgen un montón de ideas. Solo hay que estar atentos y no dejarlas caer en el olvido sin más.

Es cierto que hay días que no vemos más allá de nuestras narices pero hay otros que son un no parar de ideas fluyendo…

Así, si todos hacemos lo mismo, estamos aportando a nuestra organización multitud de pequeñas mejoras cada día.

Si esperáramos a la gran idea revolucionaria que lo va a cambiar y mejorar todo, tal vez deberíamos esperar años. Y mientras tanto, la casa por barrer.

Un único requisito para estar en este estado del espíritu kaizen: entender que es cosa de todos y de cada día.  Solo así tendremos los miles de sardinas.

Nota: la principal dificultad radicará en los “no se puede”, “no es cosa mía”, “no me pagan para eso”… En fin, seguro que conocéis a alguno. Y sí se puede, sí es cosa suya y sí le pagan para eso.

miércoles, 30 de mayo de 2012

QUÉ AÑITO!

Hacía días y días que no escribía nada. Se me había llegado a pasar por la cabeza dejar de hacerlo definitivamente. He llegado a creer que esto de la educación institucionalizada, legalizada y ultra controlada no le interesa en realidad a nadie. O al menos, a nadie que no se dedique a la docencia (desde cualquiera de sus vertientes: magisterio, edición de materiales, de libros, creadores de actividades o talleres…).

Ha sido un año duro. Lo externo a las aulas ha sido duro (y puede que aún lo sea más) pero, en mi caso, lo realmente desmotivador ha estado dentro.

En tres semanas, los niños empezarán sus vacaciones y no veo el momento de que llegue el día (aunque yo siga trabajando).

Doy los buenos días, uno por uno a mis alumnos, cada mañana, mientras esperamos para subir a clase. Les comento su corte de pelo, el partido de ayer o les pregunto por lo que llevan en las manos (mira que llegan a llevar cosas en las manos los niños…!).

Empiezo todas mis clases con las cejas muy levantadas, los ojos muy abiertos e intentando hacerles creer que lo que vamos a hacer es fantástico.

He agrupado a mis alumnos de diferentes maneras. Les he propuesto actividades “de libro” y actividades creativas. Les he propuesto retos, he intentado hacerles escuchar y hacerles hablar.

He explicado a las familias la necesidad de la lectura diaria, de los correctos hábitos de sueño y de descanso, de la importancia de la puntualidad y del desarrollo de la autonomía de los niños. He recomendado visitas a oftalmólogos o a otros especialistas, dependiendo de los casos.

¿Y cuál ha sido el resultado? Ninguno.

A final de curso, solo dos alumnos responden a mi saludo y a mi despedida diaria uno a uno.

Mientras yo proponía con las cejas levantadas y los ojos muy abiertos, la visión que yo he tenido hora tras hora delante de mis ojos ha sido la de unos 20 niños cada uno a lo suyo (pintando en mesas, en papel de wc, en libros, sacando absolutamente todos los colores del estuche con ningún motivo, algunos hablando entre ellos, otros haciendo muecas a algún compañero, comiéndose la ropa, comiendo galletas, rompiendo las puntas de los lápices y los colores -propios y ajenos-, contando cromos…).

Cuando los he agrupado, unos han roto el material de otros, o se han pegado, o no han hecho nada de nada, a pesar de haber probado unas decenas de combinaciones de niños.

He visto alumnos (bueno, solo uno) durmiéndose día sí y día no en clase.  He tenido alumnos que sistemáticamente llegaban 15 minutos tarde; he tenido que explicar unas 150 veces que el trabajo no acabado en el cole y que se lleva a casa no son deberes, las mismas veces que he explicado que es trabajo del hijo y no del padre o la madre (como respuesta a la reclamación “es que no acabo nunca con los deberes”, dicho por progenitores).

Más de 20 de mis alumnos no han leído ni un solo día en casa con sus padres. Y en primero de Primaria, el tiempo de lectura en el colegio no siempre es suficiente. Como no leen, no entienden enunciados (ni mucho menos, textos más largos). Olvidémonos pues del “aprender a aprender” y de la autonomía.

Han preparado decoraciones y trabajos de plástica que luego, ellos mismos, se han ocupado de ir rompiendo poco a poco, cada vez que pasaban por el pasillo.


Mis alumnos no hablan: si les preguntas o propones temas (por algo que han hecho o por cualquier otra cosa, para trabajar la expresión oral) solo ves movimientos de cabeza, afirmativos o negativos. Pero jamás oirás su voz.

Eso sí, cada día al menos 4 niños (y digo “al menos”) han pegado a otros tantos (patadas, bofetones, puñetazos, empujones, zancadillas por escaleras…).

Y dando datos, al menos 3 alumnos tienen trastorno de lectoescritura, al menos 2 presentan déficit de atención, al menos dos presentan hiperactividad, y otros dos … no sabemos (todo ello analizado –que no diagnosticado- por profesionales del cole) pero no sé si alguna vez llegarán a tener un diagnóstico, porque para eso hay que visitar a algún médico.  También calculo que otros 3 llevarán gafas tarde o temprano (cuando visiten a un oculista…).

He oído cientos de veces de sus padres que me olvidara de tanto conocimiento, tanta suma y tanto trabajo, que sus hijos son pequeños.

En fin. Que no ha sido un buen año. Y lo he echado todo aquí, lo siento.  Y espero que empiecen sus vacaciones. Y esperaré a que cumplan los 12 y ver su evolución. Y espero descansar y querer volver a empezar en septiembre. Aunque, a día de hoy, no lo tengo claro.

Ah! La foto de hoy es mía, de este curso.

lunes, 14 de mayo de 2012

El proceso psicológico básico marginado

Parece ser que para saber enseñar hay que entender qué hace nuestro cerebro y como funciona para aprender. Y eso se enseña en Magisterio pero también hay otras muchas disciplinas encima de estos procesos, para intentar entenderlos, dominarlos, y usarlos a “favor” de las personas (o, a veces, de las organizaciones).

Simplificando infinitamente, un listado de los procesos psicológicos básicos (incluido el “innombrable” al final del todo)

Motivación
¿Qué decir del proceso más investigado para su uso en pro de las empresas? La piedra filosofal que los profesores nos pasamos la vida buscando y que no siempre encontramos.
Ríos de tinta dedicados a incrementar la motivación de empleados, emprendedores, alumnos… Podría pensar que no es un interés altruista ya que la motivación de una persona hace mucho por sus resultados (y, por ende, de la organización para la que trabaja). ¿Será que está de moda?

Emociones
Ira, alegría, tristeza, ansiedad, sorpresa, miedo… Algunas de ellas se habían tratado someramente en las escuelas (las empresas hacen poco caso, en general, de ellas –salvo si tienen un carácter motivador- aunque a partir de Goleman -1999- y su libro La Inteligencia Emocional, la cosa cambió –en algunas empresas¬-).

Se plantea que las escuelas deben, también, educar las emociones. Se piensa que las emociones influyen, entre otras cosas, en nuestra forma de aprender y en las cosas que podemos aprender.

Aprendizaje
¿Cómo aprendemos? ¿Cómo favorecer el aprendizaje? En fin, prácticamente toda la carrera de Magisterio metida en una parte de una asignatura. Bien es cierto que también existe la Psicología del Aprendizaje. Importante, ¿no?

Atención
Fundamental. Se considera que si no somos capaces de focalizar nuestra atención en algo concreto nos va a ser muy muy difícil aprender nada de ello. Es tan importante que a algunos niños se les medica para que su cerebro recupere la capacidad de atención y ayudarles, así, en su proceso de aprendizaje. Súper de moda, también.

Percepción
De cómo percibamos las cosas depende que las aprendamos o no, que actuemos de una manera o de otra. Puede afectar, también, a la motivación y, por lo tanto, también al aprendizaje.

El coaching, también muy en boga, se ocupa en parte de que nos planteemos nuestras percepciones de la realidad para, a partir de ellas, cambiar nuestra conducta (simplificando también).

Las personas con déficits de percepción (visual o auditiva, por ejemplo) requieren de adaptaciones para acceder a determinados contenidos.

Pensamiento
La forma en que procesamos la información, la integramos, imaginamos, deducimos, establecemos nuevas relaciones entre conceptos o experiencias; razonar, resolver problemas… ¿Podríamos creer que lo que se intenta enseñar en la escuela es a pensar a partir de los otros procesos?

Lenguaje
La piedra angular de la escuela: la forma en que se adquiere, oralmente y por escrito, a producir y a comprender.  El conocimiento humano y su transmisión se basan en el lenguaje. Tanto que a los alumnos con déficits en esta área se les reeduca, se les adaptan los contenidos… Nadie duda de su importancia en el ámbito escolar.

Las empresas también le dan importancia (se piden dotes de comunicación; competencias comunicativas; capacidad de adaptar el lenguaje al auditorio…).

Memoria
No sé qué hace todavía incluida en el conjunto de los procesos psicológicos básicos. Cualquier profesor que defienda su necesidad, que enseñe a memorizar algo, que pretenda que sus alumnos recuerden algo… será estigmatizado por reaccionario, antiguo y antipedagógico.

Sin embargo, muchos de los procesos anteriores (al igual que un ordenador) no funcionan sin datos previos almacenados en su sistema de memoria.  La creatividadm, por ejemplo, no surge sin activar y recuperar datos memorizados.

Por algún motivo que se me escapa, se cree que memorizar implica eliminar razonamiento, pensamiento, lenguaje, atención…

¿Alguien puede imaginar a un –por ejemplo- cocinero, leyendo continuamente cada receta para poder prepararla? ¿O leyendo listas de ingredientes, sus características y recetas para crear algo nuevo?

Pues en la escuela está mal visto memorizar. Hay niños que nunca aprenden a memorizar nada y ya de adultos sabemos que cuanto menos memorizamos más nos cuesta aprender cosas nuevas o memorizarlas o recordarlas. Que es una capacidad que cuanto menos se usa, más se pierde.

Pues nada: eliminemos la memoria; dejemos de investigar como almacenamos información y como la recuperamos. Y dediquémonos únicamente a aprender de donde obtener información (claro que, tendremos que hacerlo con una lista escrita de donde ir a buscar, porque nuestra memoria estará inutilizada).

jueves, 26 de abril de 2012

¿Vocación o profesionalidad?

Hay profesiones que tradicionalmente se considera que no pueden ser llevadas a cabo de forma satisfactoria sin una gran dosis de vocación, como los médicos o los profesores.
Nadie se plantea la necesidad de vocación para ejercer de jardinero, carnicero o contable.
Debe de ser por la relación del trabajo con las personas pero, por algún motivo que desconozco, es una certeza ampliamente aceptada que no se puede ser buen médico sin vocación, que no se puede ser buen enfermero sin vocación o que no se puede ser buen profesor sin vocación.

Y yo, ahora, no estoy segura de que sea verdad.

Muchas veces, la profesionalidad de la persona puede dar resultados por encima de los de aquellos que tienen mucha vocación.

Un profesional conoce sus funciones y responsabilidades, igual que ejecuta de forma eficiente su trabajo, aportando, creando e innovando. Y esto solo porque es un buen profesional que sabe que cobra un salario por realizar bien su trabajo.

Un médico sin vocación pero con profesionalidad jamás dejaría de hacer todo lo necesario para diagnosticar correctamente, para establecer un tratamiento eficaz, para seguir los protocolos establecidos ni, por supuesto, dejará de llevar a cabo todas las tareas burocráticas que se le exigen. Un profesional.

Un profesor sin vocación pero con profesionalidad jamás dejará de intentar que todos sus alumnos aprendan, no dejará que le pasen por alto las dificultades de aprendizaje de sus alumnos, no se permitiría trabajar sin diseñar un plan individualizado para aquel niño que lo necesite, no aceptará no buscar nuevas formas de enseñar, nuevas herramientas o de leer sobre su profesión para su correcto ejercicio.

Un maestro con profesionalidad pero sin vocación no dejará de atender a las familias y de proponerles todo aquello que crea que puede ayudar a sus alumnos. Y sin vocación pero con profesionalidad, cumplirá con todas los trabajos burocráticos de poco valor añadido que se le exigen.  Tal vez sea un maestro sin vocación, pero puede ser un perfecto profesional.

Un profesional hasta podría llegar a tener una ventaja: no se quemará. La profesión es la profesión, y el resto de su vida es otra cosa.  No hace falta llevarse a la cama todos los problemas de todos los alumnos para ser un muy buen profesor (o de los pacientes para ser un muy buen médico).

A lo mejor estoy pensando en esta cuestión cuando el sistema, algunas familias y sus valores, la economía y quienes diseñan el sistema educativo que tenemos y tendremos me están haciendo replantearme mi vocación (o, en otras palabras: empiezo a estar hasta el gorro).

¿Qué es mejor? ¿Tener vocación -lo que presupongo que implica ser un profesional, para que nadie se me ofenda- o ser –a secas- un profesional como la copa de un pino?

jueves, 5 de abril de 2012

Encuentra ideas en la dificultad (6º estado del espíritu kaizen)

¡Pues claro! Si no es en las dificultades, ¿donde ibas a encontrar buenas ideas?

Cuando todo funciona como un reloj suizo… ¿qué necesidad hay de buscar ideas que nos ayuden a mejorar?  La situación ideal para hacer fluir ideas y más ideas, desde las más absurdas hasta las más simples y rápidamente aplicables, es la adversidad.

Tiene mucha relación con este post anterior, “un problema es un regalo”.

Es verdad que hay personas que ante la dificultad tienden a paralizarse o a resignarse, y empiezan a trabajar o a vivir en medio de una especie de caos, en la que se pelean continuamente contra los “elementos”.

Si estás así, ¡párate un momento!: reconoce que estás delante de una gran ocasión para mejorar las cosas (desde las que tú haces hasta las que te rodean), y empieza a “tener” ideas. Al principio tendrás que forzarte a tener esas ideas, pero en un rato verás que empiezan a fluir…

En ese momento, tu forma de pensar y ver las cosas estará empezando a cambiar y ya verás cómo te encontrarás en más de una situación en la que tu cabeza empezará a buscar ideas, y que éstas serán cada vez más creativas.

Propónselo a tus alumnos, cada vez que os encontréis con una dificultad. Les puede servir para hacerse “dueños” de su aprendizaje, de su aula, de sus relaciones con otros compañeros… Con un poco de práctica, te pueden sorprender.

Con tus compañeros de claustro, en momentos de aquellos en que los que lo ven todo negro e imposible empiezan a hacerse con el control de una reunión, salta y propón una lluvia de ideas para solucionar el tema.

¡Contagia la inercia de buscar ideas!

lunes, 2 de abril de 2012

Las pruebas de adquisición de ¿competencias básicas?

Vamos a ver, vamos a ver, que creo que no me entero. ¿O no soy yo la que no se entera?

La competencia se podría definir como la capacidad para aplicar lo sabido a situaciones más o menos cotidianas, de forma que nos permita resolver esas nuevas situaciones a partir de la integración de los conocimientos que se poseen (ojo! hay que poseer conocimientos dentro de la cabeza).

Como se ha criticado tanto el aprendizaje memorístico, ahora evaluamos la capacidad de hacer y resolver. Sin embargo… para muestra un botón. Desde la dirección web del Departament d'Ensenyament (clicando aquí)  podemos acceder a modelos de pruebas ya realizados (para 6º de Primaria), y aquí dejo algún ejemplo de lo competencial de estas pruebas:


 Aquí no se está activando ninguna competencia. Para resolver esta prueba se requiere haber practicado el cálculo. Y haber memorizado las tablas de multiplicar.


Aquí tenemos la clásica “resolución de problemas” (si alguien ha leído “El florido pensil” llegará a la misma conclusión: que Mari Pili es tonta).



Huy, sí: en nuestra vida cotidiana nos planteamos secuencias lógicas de este tipo cada dos por tres (seis).




Aquí volvemos a tener la clásica resolución de problemas, como en la 2ª imagen, con la diferencia de que nos animan el enunciado con una foto “real”. El enunciado repite el texto de la publicidad añadida. Además, no estoy segura de que todos los niños de Catalunya cojan aviones frecuentemente (algunos, sí; todos, no).

Hemos puesto una foto que recuerda a un anuncio publicitario, y ya enseñamos por competencias.



Y ahora la geometría: como no hayas estudiado las fórmulas para calcular áreas de polígonos, y las hayas practicado en infinidad de figuras… ya le puedes ir poniendo flores al cuadrilátero para que parezca un jardín… Por  no hablar de la cantidad de veces que un niño de 12 años se preocupa de saber lo que mide el área del patio o del parque donde juega…

En fin. Que o no lo entiendo o me cuesta de creer. Esas pruebas anuales (las diagnósticas + las de evaluación de la adquisición de las competencias básicas, tanto en Primaria como en Secundaria, id sumando) con su presupuesto en cuadernillos de evaluación, en pagos a los correctores… no evalúan competencias. Evalúan los conocimientos de toda la vida, pero con dibujos.

sábado, 31 de marzo de 2012

¿Ser maestro o trabajar en otra cosa?

Se habla mucho de la descansada vida de los maestros, sus horarios, sus vacaciones, la suerte de trabajar por vocación… Sin embargo, solo quien ha pasado por una clase con 25 niños o más debería opinar sobre lo que representa trabajar como maestro.

Yo tengo la suerte de poder comparar este trabajo con otros (incluido el de logística, ojo!) y si bien al principio de dedicarme a la docencia tras haber pasado por varios departamentos en tres empresas, me parecía un lujo salir de día de mi nuevo trabajo, varias semanas después ví la trampa: lo que antes hacía encerrada en una oficina a partir de las 6 de la tarde (hora “oficial” de salida) ahora lo hacía en casa.

Mi comparación me sale así:


Otros trabajos
Maestro
Puedes elegir, en general, el momento de hacer una pausa para despejar la cabeza y tomar un café (de máquina).
Si puedes, y corriendo, tomas un café antes de salir al patio, si no has de atender alguna familia en tutoría.
En caso accidental, tú te tiras el café por encima.
Un pelotazo imprevisto te tira el café por encima.
Aunque la tarea sea compleja y sean varias, puedes organizarte para atender una cada vez. Incluso puedes parar de teclear (si es el caso) para atender a una persona.
Has de atender a 25 niños a la vez, cada uno con sus dudas, dificultades y características propias.
6h de trabajo propio van liberando tu carga de asuntos anotados en la libreta.
6 h. de trabajo producen como mínimo 4h. añadidas de trabajo.
Si necesitas ir al lavabo, puedes ir.
No puedes ir al lavabo.
Normalmente, podrás pedir permiso para llegar más tarde si tienes pendiente una gestión personal (banco, por ejemplo, renovar DNI…), aunque por la tarde tengas que recuperar el tiempo porque tu trabajo pendiente lo harás tú mismo.
Necesitar hacer cualquier gestión de las que solo pueden hacerse por la mañana (la mayoría) implica un sobrecoste para el colegio ya que habrá que poner un sustituto (los niños no entrarán 1h más tarde, y saldrán 1h. después por la tarde).
Puedes organizar tu trabajo en función de tu nivel de rendimiento en cada momento.
NUNCA puedes bajar la atención, el rendimiento, el nivel de actividad…
Los procedimientos son claros en general, para casi todos los procesos habituales.
Cada día hay que revisar y reinventar el procedimiento (dependen del estado de ánimo de los niños, de la dificultad de la tarea… incluso del tiempo que hace).
Si vas de viaje, te haces tu maleta (normalmente, pequeña).
Si vas de viaje, enrollas muchos sacos de dormir y haces muchas mochilas en 1h.

Las temperaturas máximas y mínimas están establecidas por ley.
Las temperaturas del lugar de trabajo (de maestros y niños) son una característica “entrañable” de los colegios y la escolarización.


Lo he elegido yo y no me  puedo quejar (ni me quejo), además me gusta. Pero también me cuesta aceptar el “qué bien vivís los maestros” que tanto se dice y tanto sirve para hacer reformas educativas “de calado”.

viernes, 23 de marzo de 2012

Niños al borde de un ataque de nervios

Foto

Muchos niños están así: hiperactivados (que no hiperactivos), con movimientos sin intención concreta, con poca reflexión…

En ese estado de agitación continuo en el que pasan tantas horas al día, es muy difícil intentar que se centren en algo.

Algunas causas que se nos ocurren y sus posibles alternativas serían:

-Levantarse con el tiempo justo por las mañanas. Sin tiempo para despertarse completamente ya están oyendo continuas instrucciones para que corran, se den prisa, se vistan, desayunen… y muchas veces, superponiendo unas indicaciones a otras. Y no siempre en tono pausado, porque no hay tiempo.

¿Podríamos despertarlos media hora antes, para no empezar el día corriendo?

-Este problema va ligado a la hora de irse a dormir: pocas veces recordamos que un niño necesita dormir más de 9h. Muchos niños aún pequeños se van a dormir más tarde de las 11 de la noche. Además, la hiperactivación del día, tampoco les deja dormirse inmediatamente.  En general, no descansan lo suficiente, y por la mañana les afecta. Se apura la hora de levantarse en lugar de avanzar la de ir a dormir.

¿Podríamos fijarnos una hora razonable de ir a dormir, en función de la hora en que han de despertarse, y ser disciplinados en su cumplimiento?

-Tras las carreras en casa de buena mañana, algunos niños aprovechan el tiempo antes de entrar al colegio para jugar y correr con los compañeros. Empiezan con mucha actividad, agitados, y en cuanto entran al colegio pretendemos que se calmen, escuchen y hagan las cosas con calma.

¿Podríamos conseguir que estuvieran a nuestro lado, tranquilamente, hasta el momento de entrar en el colegio?

-Las comidas suelen ir acompañadas de dibujos animados o tele, cuando es en casa. De  hora y media de juego agitado en el patio, cuando comen en el colegio.

¿Qué tal quitar la tele y hablar? De paso, enriqueceríamos la expresión oral, la expresión de sentimientos…

-Las tardes son de juego, y de extraescolares, y de de merienda (o no) mientras van de una actividad a otra,y de  llegar a casa corriendo, y de estudiar o hacer deberes para que les empiecen a avisar enseguida de que hay que cenar. La tele sigue ahí presente, con dibujos animados que pocas veces ayudan a la calma.

¿Podríamos dosificar las actividades extraescolares? ¿Se podría conseguir una merienda de niños sentados?

Y en ese estado de excitación perpetuo los enviamos al colegio, confiando en que allí se tranquilizarán. Pero no es fácil. Esa activación tan exagerada les impide reflexionar, tomarse el tiempo necesario para leer un enunciado o pensar en cómo resolver un problema de matemáticas. Les impide escuchar y entender las instrucciones más sencillas. Les impide pensar en cómo están haciendo las cosas. Y su tendencia “natural” es moverse, levantarse (no siempre con un objetivo claro), jugar con los compañeros…

La verdad es que no se lo ponemos fácil. En muchos colegios ya se aplican actividades de relajación, de vuelta a la calma, adaptaciones de yoga y respiración… para poder crear un ambiente propicio para la reflexión.  Y todo esto está muy bien pero quizás sería más sencillo someterles a otro ritmo desde primera hora de la mañana.

domingo, 11 de marzo de 2012

Ortografía: medir para mejorar.

Medimos muchas de nuestras actividades cotidianas: si estamos a dieta, vamos midiendo la evolución del peso; medimos la evolución de nuestro gasto en telefonía; medimos los litros de combustible que gastamos…  Y lo solemos hacer siempre que nos proponemos mejorar en algo. Y porque si no midiéramos, ¿cómo podríamos saber si estamos teniendo éxito?.

Ya lo dice el Kaizen: “medir para mejorar”.  Saber dónde estás, proponer acciones para alcanzar un nuevo punto y medir para comprobar si alcanzas las metas.

Las empresas lo utilizan de forma cotidiana: indicadores representativos de aquellos aspectos que queremos mejorar o que creemos que son críticos en la evolución de los resultados generales y que, por lo tanto, hay que tener muy "vigiladitos".

Desde el mismo momento en que empezamos a medir, ya hemos puesto el foco en el aspecto que queremos mejorar, y los esfuerzos se encaminan a ello.

El estudio es la "empresa" de los niños.  Así, si queremos que nuestros alumnos /hijos mejoren su ortografía (lo siento, pero aquí creemos que la ortografía es importante), una herramienta de autocontrol que les podemos proponer, como padres o como maestros, es la realización de una gráfica con el seguimiento de las faltas de ortografía que cometen (hay que decidir si en los dictados de clase, si en la realización de trabajos o en los controles que puedan hacer durante el curso).

Con esta herramienta estadística (representación gráfica de datos) les traspasamos el control y compiten contra ellos mismos buscando su mejora, además de trabajar de forma real esta parte de la estadística.

Si la evolución es negativa, les podemos ayudar a buscar estrategias para mejorar; si su evolución es positiva, podemos pensar que su competencia de “aprender a aprender” es óptima.

Todo esto, sólo con una gráfica de líneas, en la que ir anotando y comprobando la evolución en el tiempo de su número de faltas de ortografía.

El gráfico se puede situar en la libreta, en la carpeta, en la agenda… En un lugar de fácil acceso; y se ha de dejar el tiempo para anotarlo después de la realización de cada ejercicio en el que se ha decidido que se medirá la evolución en ortografía.

Si lo ponéis en práctica, ¿nos dejaréis conocer los resultados?

miércoles, 29 de febrero de 2012

El mismo libro para todos.

Los adultos lectores elegimos nuestros libros. La razón para elegir cada uno de los libros que hemos leído ha sido diferente, pero la última palabra la tenemos nosotros mismos. La elección del libro a veces la hacemos revolviendo en una librería, a veces por el título y otras después de haberlo ojeado levemente. En otras ocasiones, seguimos las indicaciones de libreros o de críticos…

Hablo de los libros que leemos por el placer de leer, no de aquellos que estamos obligados a leer por estudios o por trabajo. Estos, a veces, se nos hacen más cuesta arriba (no siempre).

A los niños (lean poco o mucho) son otros quienes les eligen los libros. Normalmente, profesores (otras veces, los padres). Toda una clase va a leer el mismo libro. Nosotros hemos elegido lo que les va a gustar.

Sabemos que no gustará a todos,  aunque nadie puede acusar a un maestro de buscar libros aburridos. Sin embargo, todos los niños de una clase llevan los mismos libros.

Y para los niños con los que no hemos acertado, la lectura de ese libro se convierte en una especie de castigo.

Los adultos somos muy selectos con nuestras lecturas, porque nuestro tiempo es escaso y, por tanto, valioso. A los niños les damos lecturas obligadas.

La mayor parte de las veces va a funcionar mucho mejor dar opciones y que sean los mismos niños quienes elijan sus lecturas. El maestro indica, explica los argumentos, los presenta, remarca el tipo de ilustración, intenta hacerlos atractivos, “vendérselos”…  Los libros están en la biblioteca de aula y los niños van elaborando sus criterios para elegir lecturas. Solo hay que dejarles probar y que puedan ver por ellos mismos si lo que les habíamos sugerido cumple las expectativas que se hayan podido crear.

En casa también funciona. Dar la opción de elegir. Cada uno según sus gustos e intereses. Les hemos de ofrecer la posibilidad de descubrir lo que les gusta y lo que no, por ellos mismos. Y, tanto en casa como en el cole, si escuchamos sus opiniones sobre lo que han leído, vamos educando su criterio.

domingo, 26 de febrero de 2012

Corregir los errores inmediatamente y en el mismo lugar (5º estado del espíritu kaizen)

Muchas veces no será fácil.  Si en nuestra empresa, colegio… no están por aplicar metodologías de mejora continua, no se entenderá la supuesta “pérdida de tiempo” que representa dejar el trabajo ordinario para solucionar un problema. Sin embargo, detectar un problema y no hacer nada inmediatamente por solucionarlo implica una pérdida que se va a ir alargando en el tiempo. Tanto tiempo como el que tardemos en resolverlo.

Sin embargo, la mayoría de las veces no se tratará de algo tan complicado que nos lleve horas solucionarlo.

Pongamos un ejemplo muy simple: sala de profesores frecuentemente sin folios. Habría que dejar lo que se está haciendo, sea una reunión o un documento, para ir a buscar el papel. La solución inmediata (o de contención) sería dejar inmediatamente lo que estamos haciendo, hacer esperar a alguien e ir a buscar un paquete de folios. Inicialmente, el problema se ha resuelto inmediatamente y en el mismo lugar.

Pero si esto sucede dos veces a la semana, la solución no es correcta, porque seguimos teniendo el mismo error día tras día, con la consiguiente pérdida de tiempo que supone.

Habría que buscar las causas (no hay nadie con esa tarea asignada, no se compra suficiente papel, no hay un sistema de aviso de que el papel está a punto de acabarse  –el kanban es un buen sistema, otro día hablamos–…).  En ese mismo momento, dejar todo lo demás y ponerse seriamente a resolver la falta frecuente de papel en la sala de profesores.

Los pasos serían:
  1. Ir a buscar papel.
  2. Buscar la causa del problema (inicialmente, con un análisis simple)
  3. Establecer un sistema que asegure el “aprovisionamiento” de papel
  4. Escribirlo y hacerlo visible para todos
  5. Respetarlo.
Y lo hemos hecho allí mismo, en el mismo momento en que hemos detectado la falta de folios para la impresora de la sala de profesores.  Hemos “perdido” 15 minutos (a lo sumo), pero ya no perderemos 5 minutos cada 3 días.

A mis alumnos, pequeños de edad y de estatura, se les cayeron sus archivadores de fichas la primera vez que los cogieron.  Estaban donde estaban por “tradición” (siempre habían estado ahí, y ahí están en todas las aulas del colegio).  La primera vez, pensé que sería un problema puntual y que con la práctica se solucionaría. Pasó una segunda vez. Ahí detuve la clase y lo que estábamos haciendo. El problema era que estaban situados demasiado altos para ellos. Cambiamos de sitio los archivadores, a unas estanterías al alcance de su mano y de sus ojos. Dedicamos 5 minutos, pero ya nadie más ha tenido que volver a dedicar media hora a reordenar sus fichas caídas y a volverlas a poner en su clasificador.

Solucionar en el mismo momento y en el mismo lugar, o no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

jueves, 23 de febrero de 2012

Provocar deseo por el libro

¿Qué sensación debe de tener un niño en una tienda de chuches? ¿Lo quiere todo? ¿Soportaría no probar nada?

Os propongo hoy una prueba para provocar en vuestros hijos el deseo por el libro. Primero será un deseo por el objeto. A medio plazo, se provocará el deseo por el contenido. Vosotros me diréis si funciona.

Lo primero de todo es conseguir algo de tiempo (sí, lo sé, no sobra). Ese tiempo puede ser un rato del sábado, algún momento entre semana si nos coge en el camino a casa… Y vamos a dedicar algunos días durante un mes, más o menos, a visitar librerías.

La condición es que sean librerías con muchos libros expuestos, apilados y al alcance de nuestra mano (y de la de los niños). Hemos de hacernos asiduos de 2 o 3 librerías (no más), porque eso nos va a permitir ver los cambios en la exposición, ver fácilmente lo nuevo que se expone, lo que ya no está… Una librería es un ser muy vivo, sí.

El siguiente paso será, siempre, dirigiros a secciones que os interesen a vosotros, los adultos, alejándoos de la sección infantil. Y entonces solo hay que empezar a disfrutar: mirar, elegir algún libro, leer su contraportada, tenerlo en la mano, hojearlo…  Si se puede comprar, se compra. Si no, es tan fácil como volverlo a dejar en su sitio.

Durante todo este proceso, vuestro hijo os acompañará. De pasada, y ya hacia la salida, señaláis algún libro infantil llamativo (por su tamaño, sus colores, el título), y seguís hacia la salida. Sin más.

Este proceso lo seguiréis varios días, durante algunas semanas (en total 4 o 5 visitas). Y en alguna de esas visitas, estaría bien poder comprar algún libro (eso les demostrará que el libro es algo que queremos de verdad y que valoramos).

Ya en la siguiente visita, una vez vistas vuestras secciones preferidas y haber curioseado a vuestras anchas, volvéis a pasar por la sección infantil.  Pero esta vez habrá que detenerse y curiosear entre esos libros llenos de colores. Ahora ya podéis empezar a comentar el título o la ilustración de la cubierta con vuestro hijo. Se puede empezar a tocar, pásaselo, deja que sea él quien mire y remire. Con un poco de suerte, ya hará días que está pidiendo un libro para él: ya le habrá entrado el deseo por el objeto (poco más, de momento).

La próxima vez, dedica menos tiempo a “tus” secciones y llega antes a la de libros para niños. Curiosea y propón, pero deja que sea él quien marque el paso. Y hoy sí se puede elegir un libro para él (cuando lo pida).

Si, además, le “ayudas” a elegir un libro que tenga una continuación (una serie), habrás comenzado el camino para convertir a tu hijo en lector apasionado.

¿Recordáis las series de Enid Blyton y como costaba esperar a tener el siguiente libro para saber cómo seguía la historia?

sábado, 18 de febrero de 2012

Si te pegan... ¡pega!

¿Eres padre o madre y alguna vez le has hecho esta propuesta a un hijo tuyo? ¿Eres maestro y alguna vez has oído este argumento, en boca de alumno o de padre de alumno?

Nos empeñamos en que en los colegios se eduque, y en que se trasmitan valores de respeto, tolerancia, no violencia, el diálogo, dedicamos horas a la preparación del Día Escolar de la No Violencia y la Paz, y todo para formar buenos ciudadanos y mejores personas, convencidos de que estamos trabajando para un futuro mejor para todos.

Sin embargo, más veces de lo que sería deseable, se propone a los niños esta ley escolar del talión. Y los mensajes de casa tienen mucho más peso que los que repetimos en el colegio, cuando ambos mensajes son contradictorios.

Algún padre o madre, alguna vez, me lo ha dicho a mí, delante del hijo “pegador”, convencidos de que estaban trasmitiendo un modo de conducta la mar de correcto: “¿pegaaar? Pues mira que se lo tengo dicho, ¡que no pegue! Solo si le pegan, puede pegar…” Y tan anchos, oye.

¿Y por qué se pegan los niños? Cuando son muy pequeños, los niños tienen una tolerancia a la frustración bastante baja, en general. A la mínima que sus deseos se frustran (deseos del tipo querer jugar con el coche que tiene el compañero), muchos se defienden de eso que perciben como una “agresión” con un buen golpe, o un buen mordisco… Pero poco a poco hay que ir modificando esa conducta, introduciendo la reflexión, otros modelos de reacción, el diálogo…

Sin embargo, algunos niños van creciendo y con 10 y 12 años su tolerancia a la frustración sigue siendo casi la misma que con 2 o 3 años.

Casi al borde del llanto desesperado del que predica en el desierto, el profesor pregunta: -“¿Por qué le has pegado?”

Y las respuestas pueden ser tan peregrinas como: “porque me ha dicho pelopincho”, “porque me ha dicho rubio” -y lo es-, “porque se ha colado”, "porque dice que llevo gafas" -y las lleva-, “porque quiere llevar él la pelota”, “porque me ha tocado la mochila”…

Los profesores repetimos hasta el aburrimiento que si alguien pega, lo que hay que hacer es decírselo a un profesor. Ya buscaremos la forma en que el conflicto se arregle de otra manera.
Y entonces es cuando llegamos, primero vía alumno y después vía padres,  al famoso argumento: “si te pegan, ¡pega!”.

Por favor, de verdad que en esto sí que tenemos que ir todos a una: la violencia solo engendra violencia. Un niño que solo aprende a resolver sus conflictos a golpes, será un adulto que solucionará sus problemas con la fuerza; con este argumento, les estamos enseñanzo que tiene razón quien más fuerza tiene y –no olvidéis- que con los años ellos irán ganando en fuerza física y los padres la irán perdiendo…

domingo, 5 de febrero de 2012

No esperes la perfección: gana el 60% desde ya (4º estado del espíritu kaizen)

O se hace camino al andar...

Esperar hasta que tengamos todos los detalles solucionados para actuar casi seguro que nos llevará a la inacción. Esperaremos, puliremos, revisaremos, volveremos a mirar, a comparar… y así nos eternizaremos sin hacer nada. En ningún aspecto.

Cada vez que hemos de empezar con algo nuevo, nos detenemos porque creemos que si no está diseñado y completo al 100% no se puede llevar a cabo. Pero esta actitud paraliza la acción y, por lo tanto, cualquier posibilidad de mejora (no lo olvides: sin acción no hay mejora).

Piensa en situaciones habituales en el colegio: implementar la evaluación de la adquisición de las competencias básicas, utilizar recursos digitales…  En muchos claustros se crean comisiones, grupos de coordinación, se debate en reuniones, se corrige, se aportan nuevas ideas, se vuelven a escribir y se vuelven a presentar al grupo… y nunca se empieza con nada. ¿Cantidad de tiempo dedicado? Infinito. ¿Cantidad de mejora conseguida? Cero.

Por muy compleja que sea la tarea a implementar, todo aquello que en el futuro pueda mejorar lo que estamos haciendo hay que empezarlo, cuanto antes mejor.

Se esboza, se afina y se pone en práctica. Ya hemos comenzado a caminar.

Se deja un tiempo prudencial de aplicación, se evalúa (la practicidad, la simplicidad, la aportación al objetivo perseguido) y se sacan conclusiones. Se revisa, se simplifica o se añade algo importante que en el primer intento no se tuvo en cuenta y arrancamos nuevamente. Seguimos, pues, mejorando.

Cuando creemos que ya está consolidado, aún habrá que revisarlo periódicamente para continuar mejorándolo (esencia del kaizen).

Solo con empezar a actuar, ya estás en el camino de la mejora. Y ya tendremos tiempo de seguir.

Sobre todo, hay que moverse.

Piénsalo: ¿qué es mejor?, ¿ganar desde ya un 60% -aunque 60 no sea 100- o no ganar nada?.

viernes, 3 de febrero de 2012

Para el autocontrol... la estrategia del reloj

¿Sabes esos momentos en los que tienes pocas ganas de moverte? Imagina que te acabas de sentar en el sofá, hace frío afuera, te pones tu manta, tu café en la mesa y te dispones a leer el libro que tienes a medias y… ¡zas!: te das cuenta de que te lo has dejado en la habitación. ¿Ahora tienes que desmontar todo tu chiringuito para ir a buscarlo?

Una solución a mano es pedirle al más pequeño que haya por la casa que te lo acerque. Pero si lo pides directamente, la respuesta más probable sea un “joooo”.

Ahora bien, si conoces la estrategia del reloj… irá, rapidísimo, con una sonrisa en la boca, y te lo traerá. ¿Magia? ¿Hipnosis?

La estrategia del reloj consiste en decir: “¿Sabes el libro que hay encima de mi mesilla de noche? ¿A ver cuánto tardas en ir, cogerlo, y traerlo hasta aquí? ¡Te cronometro!”

La estrategia del reloj, además de motivadora, también ayuda a los niños en su autocontrol: para ellos el tiempo se diría que es casi infinito; no separan artificialmente la hora anterior de la siguiente. Todo va en un continuo devenir, a veces interrumpido por obligaciones impuestas por otros (comer, ir al patio, ponerse el pijama…).

Así, muchas de las tareas que tienen que llevar a cabo se eternizan porque, en realidad para ellos, no existe la imposición del tiempo. Pero es que tampoco les ayudamos. Somos nosotros los que marcamos cada inicio y cada fin, muchas veces incluso en su tiempo de juego.

Tenemos que ayudarles a que, poco a poco, el control deje de ser externo para convertirse en interno.  Si les permitimos conocer lo que tiene que durar cada actividad, van a ser ellos quienes controlen su tiempo, y no nosotros.

Hemos de ser capaces de calcular la duración adecuada de, por ejemplo, sus deberes (los maestros podemos ayudar indicando la duración aproximada prevista de los deberes, junto a la anotación en la agenda).  Les ponemos un reloj en su mesa y les indicamos el minuto (si es digital) o la posición que tendrá la manilla larga, cuando la faena tenga que estar acabada (la indicación es así para los que aún no leen las horas pero sí conocen los números).

Así, ellos mismos ven el paso del tiempo, ven el trabajo que les queda pendiente y hacen todo lo posible por ajustarse al límite que tienen que alcanzar.

La estrategia del reloj se puede utilizar para muchas de las obligaciones que pueda tener un niño de entre 6 y 8-9 años (más allá no funciona), edad en que se crean los hábitos de estudio /trabajo.  Eso sí, habrá que seleccionar aquellas actividades en las que muestren menos interés, o aquellas tareas en las que siempre se eternizan (sean los deberes, sea poner la mesa o sea ducharse), porque si abusamos de esta estrategia, dejará de funcionar.

Probadlo. Ya me contaréis.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Dicen que matamos la creatividad de los niños

Eso dicen. Hoy me había propuesto comprobarlo con niños de 6 años. Quería ver como superaban mi imaginación y capacidad creativa.

A partir de un libro que estamos leyendo, una de las actividades que había propuesto para hoy era dar una nueva vida a diferentes objetos.  Después, tenían que dibujar con todo lujo de detalles el “invento” que más les gustara de los que habían discurrido.

Tenían que decir y escribir todo lo que se les ocurriera que podrían hacer con una serie de objetos, nuevos usos, y que no se parecieran en nada a su uso original.

Silencio. Ojos muy abiertos. Bocas cerradas.

Veo necesarios los ejemplos, así que propongo un uso alternativo para un lápiz. Algo que no tenga nada que ver con escribir. Silencio. Propongo un pincho para hacer un moño. Alguien dice que no por el fondo de la clase. “No se puede” son sus palabras. Me voy a la melena de una de mis alumnas, le hago un rollo con su pelo y lo engancho con un lápiz.

Bocas abiertas. Ooooh.

Propongo sus objetos: un teléfono viejo que ya no funciona; un paraguas roto; una maleta vieja y un peine de juguete.

Las respuestas más habituales han sido: para jugar (jugar a llamar, jugar a peinar).  Para la maleta, una alumna ha llegado a proponer “tirarla a la basura” (el colmo de la creatividad infantil).

Las ideas más originales han sido: poner ruedas al teléfono y usarlo como coche de juguete (pero se les ha ocurrido a unos 10 niños); un chaleco con el paraguas; usar el cable del teléfono para hacer formas.

Y la mejor, desde mi punto de vista: una tele con mando a distancia. La maleta se convertía en la tele, y el paraguas era… el mando a distancia.

Seguiré trabajando la creatividad, la inventiva y la originalidad. Sé que era la primera vez que hacían la actividad, pero ya no estoy tan segura de que la escuela se quien mata la creatividad en los niños. Y, de momento, voy a dejar de escuchar a quienes lo dicen.

domingo, 29 de enero de 2012

Aplica YA las buenas ideas (3r estado del espíritu kaizen)

Se nos ocurren ideas para ir mejorando nuestro trabajo (el puesto físico, el proceso, la forma de presentarlo…). De hecho, de eso va la mentalidad kaizen: la mejora depende de todos y cada uno de los individuos de una organización. De todos. No esperes que venga alguien que no conoce tan bien como tú tu trabajo y te diga como debes hacerlo.  Tú ya lo sabes.  Y una parte de tu actividad diaria debería ser pensar en como ser más eficiente.

Algunas empresas/organizaciones tienen establecido un sistema para que las ideas se expresen, y el jefe las valore y decida si son susceptibles de ser aplicadas o no. Otras empresas dan más libertad, y algunas ideas que son de auto aplicación (por la misma persona a quien se le ha ocurrido) no necesitan validación alguna.  Es igual. Tanto en el caso de que nos validen la idea, como en el caso de que seamos los responsables de auto implementar nuestra mejora… hagámoslo YA!

Una idea que ha de mejorar nuestro trabajo no sirve de nada en un  papel o en tu cabeza. Hay que aplicarla para que sea útil y cumpla su cometido. No hay que conformarse con pensar "se me ocurren muchas formas de mejorar las cosas", de hecho, solo eso...¿de qué sirve?

Muchas veces dejamos pasar el tiempo, pensamos que ya lo haremos, creemos que el día a día no nos deja hacer otras cosas… pero esta forma de actuar y de pensar es anti-kaizen: no mejoras. El fin no es tener nuevas ideas. El fin es mejorar.

Así pues, si se te ha ocurrido una forma de hacerlo mejor, de hacerlo más fácil, de ahorrar costes, de mejorar tu rendimiento… no esperes. Aplícalo. Ya habrá tiempo de pulir la idea original y/o el resultado.

Que no nos pase como en la fábula de la asamblea de ratones. El cascabel al gato hay que ponerlo. Y en nuestro entorno, normalmente, no nos vamos a jugar la vida por llevar a la práctica una mejora, como les pasa a los pobres ratones.

Así pues: ¡hazlo YA!

viernes, 27 de enero de 2012

La excepcionalidad del pino.

Explicaba el otro día a un grupo de amigos que estando en clase, mis alumnos tenían ante sí una preciosa ficha sobre el pino (con datos a nivel de 1º de Primaria, eso sí) para luego rellenar otra preciosa ficha sobre el olivo. Ambas basadas en unas preciosas fotos de pino y de olivo.

También les explicaba que ni me había planteado rellenar las fichas de otra manera que a partir de la foto y tirando de  la memoria de los niños:  “¿Sabéis qué quiere decir rugoso? ¿Os habéis fijado alguna vez en la forma de las hojas de los pinos, como agujas? ¿Recordáis cómo son las piñas?"

Pero son niños de ciudad. Alguno no recordaba más piñas que el fruto tropical de los supermercados… (a pesar de las recurrentes visitas a los bosques en otoño y primavera los cursos anteriores).

¿Soy una maestra nefasta por no pensar en acercar ese entorno a mis alumnos? ¿Soy maestra de pocos recursos, sota, caballo y rey, todo en papel, nada en la realidad?

No. Más bien soy una maestra que haría las clases de Conocimiento del Medio en un mercado o en un vivero de plantas (por la cercanía a la ciudad).

Y, ¿entonces?

¡Pues que esto cada vez es más América!: hay que tener autorización para todo. Autorizaciones para cualquier salida de puertas afuera del colegio, hay que tener las salidas previamente autorizadas –que no pase nada si has salido y antes no estaba aprobado por el Consejo-, hay que tener autorización para desplazar a un niño en coche, hay que tener autorización firmada por un médico para dar un antipirético…

Pues a pesar de todo, en 15 segundos decidí que ese trabajo, hecho en clase, no iba a servir para nada. Me lié la manta a la cabeza, cogí a los 25 niños, bajamos la escalera, abrimos la puerta y nos plantamos en el parque que tenemos delante del colegio (que tiene varios pinos y un olivo).

Y de ahí la excepcionalidad del pino. Que lo que debería ser normal en la educación primaria del pensamiento concreto se haya convertido en algo excepcional que requiere de demasiadas bendiciones y burocracia.  Un poco más de pinos y un poco menos de fotos de pinos tampoco nos vendrían mal.

martes, 24 de enero de 2012

Videojuegos educativos, ¿lo son?

A raíz de un cruce de tweets con @ignasicorral y @rakel_ka, debatiendo sobre los videojuegos como recurso educativo, y en el que se planteaba la forma de evaluación que permiten, he caído en la cuenta del buen recurso educativo que son algunos videojuegos y he pensado en cómo han ido evolucionando…

Igual que simuladores, permiten probar, ensayar, experimentar, integrar la teoría en casos parecidos a la realidad…Los jugadores/alumnos pueden convertirse en gestores de un proyecto.

Si no se dan instrucciones previas, se entra en el terreno del ensayo y error, que es una de las ventajas de usar videojuegos como simuladores. Se va probando. Se ven las consecuencias de las acciones previas, se intenta corregir –cuando el juego lo permita- o se sale de la partida y se empieza de nuevo, con más bagaje de recursos para tener éxito. Dependiendo del tipo de juego, la pega puede estar en el plazo de tiempo para lograr todo este conocimiento, para optimizar la simulación.

Si se dan pistas o instrucciones previas, el uso y la práctica se aceleran, aunque siempre existirán los alumnos críticos, independientes o creativos, que quieran probar los caminos no explicados para ver las consecuencias (resultados).

Hay juegos que permiten entender conceptos de economía, como las fluctuaciones de precios de determinados materiales o recursos, que son valorados en el juego, en función de la cantidad de ellos de que dispones en cada momento y de los que necesites.

Hay uno, muy famoso, con el que puedes entender la evolución de las ciudades, y porqué los cascos antiguos son como son y qué necesidades sociales hacen que cada ciudad crezca de una determinada manera; te permite entender qué factores o elementos hacen que una zona se revalorice o se degrade… Evolución urbanística, así, practicando. Incluso, te permite ser el gestor de los recursos de una ciudad. Y entender como influyen tus decisiones en la intención de voto de los ciudadanos…

Pero, en el cruce de tweets, se debatía sobre si los videojuegos actuales como recurso educativo no son acertados porque fallan en el momento de la evaluación del alumno: actualmente, sin estar detrás del alumno (y delante de su pantalla) –lo que es materialmente imposible trabajando simultáneamente con más de 20 alumnos-, solo se puede evaluar el resultado. Y con más o menos tiempo, casi todos seríamos capaces de llegar a un resultado considerado “correcto”. Pero el proceso que cada alumno ha seguido para resolver su partida, así como las conclusiones que extrae a partir de sus conocimientos previos después de la práctica han de ser tan o más importantes que el resultado.

Y es en ese punto de evaluar el proceso, donde los videojuegos aún no ayudan.

Se me ocurre que una segunda vía para muchos videojuegos sería poder ofrecer el registro de pasos /órdenes dados durante el transcurso de la partida. Un resumen de la actividad generada por cada alumno, que permitiera la evaluación de ese proceso (hasta ahora tipo “caja negra”).

Cuando los videojuegos permitan algo parecido a esa evaluación del proceso, podremos entonces hablar de “videojuegos educativos”, porque ya no estarán ignorando la evaluación del aprendizaje por parte del alumno. Sin posibilidad de evaluación,  ¿podemos hablar de “recurso educativo” (aunque lo parezca o le demos ese uso)?

foto "videojuego ochentera" de uayebt, flickr.

domingo, 22 de enero de 2012

20 rutinas necesarias, de los 6 a los 12 años.

Establecer rutinas da seguridad a los niños. Saben qué se espera en cada momento de ellos. Saben lo que hay que hacer para tener éxito (y así ayudamos a su autoestima). Se hacen responsables y autónomos. Saben lo que va a pasar después y el mundo deja de ser un pasillo oscuro por el que van caminando sin saber lo que les irá saliendo al paso…

Estas son algunas de las ventajas de las rutinas para los niños.

A los padres les permite ir descargándose de tareas para poder dedicarse a otras, con sus hijos –o no-, que sí requieran de su atención.

Establecer las rutinas, al principio, requiere supervisión de los adultos. Hasta que se ha creado el hábito y son capaces de hacer por ellos mismos las cosas más difíciles (los calcetines suelen costar…)

Por orden cronológico en el día, podrían ser:
  1. Vestirse (incluye calzarse).
  2. Lavarse los dientes y peinarse.
  3. Desayunar (los más mayores pueden, incluso, preparárselo ellos mismos).
  4. Recoger todo lo necesario para ir al colegio (mochila, desayuno, chaqueta, algún material que les hayan pedido…).
  5. Cargar su propia mochila.
  6. Dejar deberes en clase –si los tenían- y/o mostrar anotaciones de agenda (si las hay).
  7. Lavarse las manos antes de comer.
  8. Recoger de la mesa su plato, cubiertos, vaso… y llevarlos a la cocina (los más mayores pueden recoger toda la mesa –y ponerla-).
  9. Lavarse los dientes.
  10. Coger nuevamente todo lo necesario para volver al colegio.
  11. Recoger todo lo necesario para volver a casa (carpetas, libretas, mochila, chaqueta…).
  12. Lavarse las manos.
  13. Merendar.
  14. Estudiar/hacer deberes.
  15. Preparar todo lo necesario para el colegio del día siguiente (implica revisar horario).
  16. Tiempo de juego.
  17. Ducharse (antes o después de la cena, dependiendo de la costumbre familiar).
  18. Cenar.
  19. Lavarse dientes y manos.
  20. Ponerse el pijama.
  21. Unos minutos de lectura antes de dormir.
¿Las veis asumibles o, por el contrario, las encontráis difíciles a estas edades?

domingo, 15 de enero de 2012

Preocupaciones y calidad del trabajo

Hace un tiempo leí un artículo en el que explicaban que algunas empresas habían entendido que las preocupaciones por los problemas cotidianos de sus trabajadores suponían una pérdida de productividad y que algunas proporcionaban salas aisladas, con teléfono y conexión a internet, donde poder hacer esas gestiones necesarias, que nos preocupan y que los horarios de trabajo no permiten resolver.

Si un trabajador está pendiente de pedir una cita médica, o de pasar la ITV, o de hablar con el director de su banco, o de reclamar una factura errónea (por poner ejemplos muy habituales), su cabeza va a estar en esos asuntos y no en los del trabajo. O va a pedir permiso, y va a faltar unas cuantas horas.

Con esa solución, las empresas que la aplicaron, daban a entender a quienes trabajaban en ellas que entendían que había gestiones que hacer, y les proporcionaban medios que –a lo sumo- podían ocupar 30 minutos en un día laboral normal. Una vez resuelto, el trabajador podía volver a dedicar su mente y su actividad al trabajo por el cual la empresa le pagaba.

Hoy, las administraciones están ofreciendo problemas añadidos a la gestión diaria de los problemas por la cual nos paga (no hay que olvidar, que cobramos porque resolvemos problemas; si no hubiera problemas, no habría trabajo que hacer).

 Funcionarios en general y trabajadores de la escuela concertada empiezan a usar parte de su mente en pensar en los créditos o facturas a los que no podrán hacer frente porque ahora cobran menos que cuando los contrataron. O en como recortar gastos domésticos. Ahora, si aparece un imprevisto en su vida, la preocupación va a ser importante. Y sí: todas estas preocupaciones añadidas necesariamente van a afectar a la calidad de la enseñanza. Por muy profesional que sea un maestro, si el día 15 o 20 de cada mes ya está en números rojos, ¿creéis que su desempeño será el mismo que cuando no tenía esta preocupación?

La diferencia con la situación que he expuesto al principio es que, por mucho teléfono que pongan a nuestra disposición para estos “asuntillos”, el problema no se va a resolver. Porque es la misma administración la que está engordando el problema, haciendo que la capacidad adquisitiva de sus trabajadores se reduzca año a año. Y eso es una preocupación para personas que siguen trabajando igual o más que antes, pero que como recompensa reciben un salario menor. Y no hay que olvidar que los bancos, la compañía eléctrica o la de telefonía no admiten como moneda ni la motivación ni las horas de dedicación; quieren euros. Y hoy por hoy, nadie que cuente con un salario público sabe de cuantos euros dispondrá el mes que viene.